#Tochogate2016: sesión de control (a.k.a. minireseñas)

Después de un mes, retorno al #Tochogate2016 para contaros cómo me ha ido con mis lecturas. Por si estáis perdidos con este hashtag que es pura poesía, se trata de una iniciativa lectora que comenzó mi colegui (?) Cris para animarse y animarnos a leer tochos que teníamos pendientes este verano. En esta entrada yo os presentaba los cuatro libros que tenía como principales candidatos para el reto, aunque ya veis que al final solo ha caído uno de ellos.

Todavía queda el mes de agosto, que tradicionalmente es el más rentable para mí como lector, pero este año me da que no va a ser así. A mediados de mes me mudo al extranjero, así que seguramente no podré seguir al pie del cañón con el tochogate. O puede que sí, ya se verá.

De momento, y por si acaso este es mi final de reto por este verano, quiero hacer balance de las dos lecturas que he hecho dentro de esta iniciativa. Son estas:


Fotograma de la película Notre-Dame de París (1956).

Notre-Dame de París, de Victor Hugo | ~700 págs.

Esta novela os dije que caía seguro, y al final ha sido la única de la lista inicial que lo ha hecho. Como fanático de la novela gótica que soy, tenía ganas de probar este clásico de Victor Hugo, y la verdad es que no ha sido lo que esperaba. No diré que ha sido una lectura decepcionante, porque me ha gustado, pero sí que difiere mucho de lo que pensaba que me iba a encontrar.

Para empezar, no es una novela gótica. Este subgénero es muy problemático a la hora de ver qué obras encajan, y sobre todo es difícil diferenciar una obra tradicional del romanticismo de una que además de eso es gótica (el tema da para una entrada; quizás la escriba algún día). De todos modos, en el caso de Notre-Dame de París yo tengo claro que es solamente una novela romántica (romántica del romanticismo movimiento literario, quiero decir). Tiene algún elemento oscuro, pero están a años luz de los que se presentan en la gran novela gótica inglesa. Para ser justos, Notre-Dame es tan fiel a todos los tópicos del romanticismo que viene a ser una versión en novela de Don Álvaro o la fuerza del sino, Don Juan Tenorio o incluso de Hernani, del propio Victor Hugo.

En definitiva, yo no recomendaría la lectura encarecidamente. Si os gusta mucho el romanticismo o si tenéis curiosidad, sí, pero si no, cualquier obra de teatro romántica te aporta lo mismo y se hace menos tediosa. Pero esta es la opinión de alguien a quien los tópicos del romanticismo le saturan enseguida y los prefiere en dosis pequeñas. Además, Notre-Dame de París es un clásico bastante árido, sobre todo las primeras páginas. No sé de dónde les viene la mala fama a otros clásicos como Guerra y paz, que al lado de esta es una telenovela súper adictiva.

Fotograma de la miniserie The crimson petal and the white (2011).

Pétalo carmesí, flor blanca, de Michel Faber | ~1000 págs.

Y, sin embargo, esta otra novela, que lo tiene todo para ser tediosa a más no poder, me ha parecido una lectura inusitadamente ligera. Son mil páginas donde abunda la narración y en las que el autor no escatima en detalles a la hora de describir cada pequeña acción de la vida de los protagonistas, pero no creo haberme saltado ni una sola línea (con la salvedad de la trama secundaria de los beatos, que sí que la leí en diagonal). Si os gusta lo victoriano y, sobre todo, la parte más sórdida de la época victoriana, esta es vuestra novela.

Es menos conocida que la Hugo, así que, por si acaso, os cuento que trata sobre una prostituta llamada Sugar y sus intentos de sobrevivir y medrar en el hipócrita y machista Londres Victoriano. También conocemos a William, su cliente más importante; y a la esposa de este, Agnes, un personaje fascinante en tanto que retrata de manera muy cruda cómo la estricta moral victoriana afectaba a las mujeres y las distorsiones que creaba en ellas muchas veces.

Como friki que soy del tema de la histeria y derivados, todo lo relacionado con Agnes me ha parecido interesantísimo. La trama de Sugar también es genial, y a William se lo tolera. Los secundarios beatos que os decía antes son, para mí, el único punto tedioso de la novela, pero también es cierto que son necesarios para dibujar el fresco completo de la sociedad victoriana.

Hay una miniserie de 2011 que adapta la novela, y además es muy fiel. Yo la vi en su momento y no me enteré hasta el final de que existía novela, así que me he enfrentado a las mil páginas de Pétalo carmesí, flor blanca teniendo todos los detalles muy vivos en mi cabeza. Y aun así, no me ha aburrido ni por un segundo. En un libro de semejantes características, eso es una buena señal.

Recomendado para los interesados en la cara oscura de la Inglaterra de la reina Victoria. Que no os den miedo las dimensiones, porque a pesar del ritmo pausado se lee con fluidez.

Hasta aquí mi repaso de las lecturas del #tochogate2016. Si al final cae alguna más en agosto, os informaré debidamente. ¿Y vosotros qué? ¿Está cayendo algún librazo este verano o sois de los que preferís las lecturas que no pesan en la bolsa de la playa?

Los límites de la ficción



Seguro que os habéis enterado del escándalo en torno a la editorial Alfaguara y el libelo de María Frisa, 75 consejos para sobrevivir en el colegio. Por si no estáis al día, os dejo aquí un enlace que resume el culebrón hasta el momento. Y por si os da pereza leer, aquí un resumen de mi cosecha:

Licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Misnarices escribe un libro infantil al estilo falso manual en el que una niña da consejos a otras (de entre 9 y 12 años) sobre cómo comportarse en el colegio. La autora hace la típica de querer “conectar con el público joven” siendo súper guay, dabuten y diciendo sandeces en el argot que ella cree que manejan los niños. Si de niños os pusieron alguna de las lecturas obligatorias que me tocaron a mí, sabréis como yo que esos libros siempre suelen ser un despropósito. El problema es que este se pasa de rosca porque, siempre “en clave de humor” y de “ficción”, se monta un monólogo sexista, misógino y clasista y hace apología del acoso escolar. Se han recogido firmas para pedir su retirada y, días después, Alfaguara sale con un comunicado con el ya típico: “es ficción”.

Podríamos entrar en paranoias de teoría literaria acerca de si acaso existe algún libro que no sea ficción, incluso un libro de recetas. Pero dejándolo al margen, aceptamos barco. De acuerdo, 75 consejos para sobrevivir en el colegio, es un libro de ficción (¿una novela?) que, a modo de parodia, imita la estructura de los manuales y libros de autoayuda. Algunas grande superficies lo colocan en la sección de no ficción junto a, qué sé yo, la biografía de Auryn. Pero vale, seguimos aceptando barco. Es un juego literario, algo antiquísimo en la historia de la literatura. María Frisa ha hecho la de Anónimo cuando hizo pasar el Lazarillo por una biografía.

Que sí, que está muy bien y que hasta cierto punto yo me lo puedo llegar a creer. Porque he leído fragmentos del libro y tengo claro que la tal María Frisa no habla en serio cuando les dice a sus lectores de nueve años las cosas que les dice. Está claro que no habla en serio porque si lo hiciera, esa mujer estaría en un centro con paredes acolchadas (o en la cárcel; según los resultados del estudio que le hicieran). Ahora bien, comprando la teoría de que el libro es ficción pura y dura y que eso está indicado por arriba y por abajo en el libro y que es imposible que existan confusiones, la pregunta obligada es la siguiente:


¿Tiene límites la ficción?


Hablar de los límites del humor es ya un clásico, y en este caso se combina con los de la ficción. Si yo escribo un libro titulado 75 consejos para exterminar judíos, siempre en clave de humor, y lo pongo en las librerías dentro de la sección de “ficción”, ¿surge algún problema? Ahora imaginemos que mi editorial es la repera y plantan una caseta haciendo promoción de sus libros, entre ellos el mío, delante de una sinagoga un día muy transitado. ¿Sigue estando igual de bien/de mal mi libro?

Son preguntas que os planteo, no tengo una respuesta. Es decir, tengo la mía, mi opinión, pero creo que los límites de la ficción son un tema complejo y que suscita mucho debate.

Desde luego, yo tengo claro que, para mí, no todo vale en la ficción. Soy muy abierto en ese sentido, muchísimo, y toleraría casi cualquier barrabasada siempre que cumpla con dos condiciones: 1) que el libro esté claramente dirigido a adultos; 2) que esté bien escrito.

El primer punto es discutible. Habrá muchas personas que digan que los niños son mucho más avispados de lo que pensamos (que lo son) y que a los nueve años ya captan la ironía tan bien como cualquier adulto. No lo sé; quizá si alguno tenéis formación en la materia podáis darnos datos al respecto. En cualquier caso, y aun aceptando que un niño de nueve años no tenga problema en darse cuenta de que lo que escribe María Frisa es humor, hay otra pregunta que hacerse: ¿es adecuado hacer humor sobre sexismo y acoso escolar con niños de nueve años? Hay padres que no quieren que se les dé educación sexual a sus hijos hasta que no tengan bigote, pero ¿enseñarles chistes sobre que tu novio no te deje mirar a otras personas es adecuado? Que son chistes, que sí, que ya hemos aceptado barco hace un rato, pero yo sigo sin verlo claro.

Lo segundo, para mí, sí que no tiene discusión. Un libro que defiende ideas peligrosas, por muy ficción y/o humor que tenga, tiene que estar bien escrito. Y en estos casos, por bien escrito quiero decir “que se entienda”. Ya no los niños de nueve años, sino cualquiera de nosotros, cualquier adulto. Si nosotros leemos el libro de María Frisa y pensamos: “¿de dónde ha salido está colgada?” es que algo falla en ese libro y en cómo está escrito. Porque, y tiro de mi ejemplo de cabecera, no conozco a nadie que lea Cumbres borrascosas y piense que eso es un modelo de relación sentimental sana entre adultos. Nadie lo piensa porque el libro está bien escrito. Y los niños leen cómics de superhéroes y ninguno va por la vida imitando a Kingpin. De nuevo, porque están bien escritos.

Pero este tema ya está muy manido. Pasó hace mucho con los libros que continuaron Crepúsculo, luego con After y otros sucedáneos. Siempre “es ficción”, da igual que sea ficción mal escrita (porque los lectores de After leen Cumbres y esta última relación no la idealizan, por qué será), y también que esté dirigida a lectores en una edad tan vulnerable como la adolescencia. Y si todo esto da igual, ya no entremos a pedir explicaciones sobre 50 sombras y otros libros que directamente van dirigidos a público adulto, porque entonces el “es ficción” ya te lo espetan en mayúscula y negritas.

Pues nada, que es ficción: todo vale. No importa si tienes cincuenta años, quince o nueve ni si el libro retrata comportamientos poco saludables o hace apología de ellos (hay diferencia, y bien gorda). Nada de eso, porque es ficción, y olé.

Como decía en los primeros párrafos, esta entrada no es para dar una respuesta universal a algo que no la tiene y que da para debates interminables. Solo soy yo diciendo que, para mí, hasta la ficción tiene límites. Pocos, pero los tiene.

Pioneros, de (la inmensa) Willa Cather

Jessica Lange como Alexandra Bergson en O pioneers! (1992)


Uno de los primeros libros que reseñé en el blog fue una novela corta de Willa Cather. Era mi primer acercamiento a esta autora tan importante de las letras estadounidenses. Entonces admiraba su sutileza para conmoverte con su historia casi sin que te dieras cuenta y tomaba nota de que escribía sobre temas que me gustan, como ese mundo casi romántico del Viejo Oeste que en Una dama extraviada daba sus últimos coletazos.

En Pioneros, Willa Cather nos lleva un poco más atrás, a la edad dorada de este Oeste, y narra la historia de una familia de colonos europeos que, a la muerte del padre, quedan abandonados a su suerte con unas tierras que en principio no parecen muy fértiles. La hermana mayor, Alexandra, toma las riendas y pone todo su empeño en sacar adelante la granja cumpliendo con la promesa de no venderla que le hizo a su padre en su lecho de muerte; sus hermanos, inútiles redomados, se opondrán y no serán más que una carga para esta heroína de principios del siglo XX.

Con saltos temporales bastante grandes, la novela comienza narrando la juventud de Alexandra y termina con su madurez, mostrándonos dónde ha llegado, qué ha conseguido y qué cosas lamenta haber dejado en el camino. Y en paralelo a la vida de la protagonista, está el Oeste, la tierra, que en Cather es siempre un personaje tan importante o más que el resto.

Pioneros es lo mejor que he leído este año, o, al menos, el único libro que me ha tocado la fibra de verdad. Es una historia corta y sencilla, escrita también con sencillez, pero tiene una carga social y de realidad que es imposible no inclinarse ante ella. Como decía en su momento en Goodreads, a falta de una forma mejor de definirlo, Pioneros tiene alma. Es más, solo he leído otra novela de Willa Cather aparte de esta, pero me atrevería a decir que todo lo que escribió esta mujer tenía alma. Pero como ese tipo de cosas no se explican, sino que se sienten, os recomiendo a todos los que no lo hayáis hecho que leáis algo de esta autora, y creo que entonces comprenderéis por qué digo que sus novelas tienen alma.

Nada más terminar de leer Pioneros, se lo recomendé a mi colega steinbeckadicta Hache, porque tenía la sensación de que la Cather era una autora que le gustaría descubrir. Y es que no sé si John Steinbeck llegó a leer a Willa Cather, si le gustaba o si fue una influencia para él, pero si no fue así, alguien tendría que haberlos juntado en una habitación. Pioneros me ha recordado en su compromiso social, su estilo de epopeya de la gente corriente y su admiración de la tierra como algo casi místico al Steinbeck más social y de la tierra, el de Las uvas de la ira.

Sin embargo, mientras que las historias de Steinbeck son eminentemente masculinas (con un par de grandes personajes femeninos aquí y allá), las de la Cather son femeninas. No en el sentido de roles de género estúpidos, masculino lo leen los chicos y femenino las chicas y toda esa clase de chorradas. Me refiero a que las novelas de Steinbeck que he leído hablan con mucha fuerza de la sensibilidad de los personajes masculinos que escribe, y las de Cather de los femeninos, así que son un complemento casi perfecto el uno para el otro.

Y como veis, ya estoy divagando con cosas que en realidad no tienen mucho que ver con Pioneros y que a la mayoría de vosotros ni siquiera os interesarán. Pero es que a veces hay pocas cosas que decir, salvo que si no habéis leído a Willa Cather, ya estáis tardando.

Qué placer da hacer reseñas en las que casi lo único que puedes decir es eso: leedlo, por favor.

Sobre los “personajes femeninos fuertes” en la literatura



El otro día publiqué esta entrada hablando de algunos de mis personajes femeninos favoritos, en concreto de aquellos que caen más del lado de los héroes que de los villanos. Aunque conste en acta que una buena villana me pierde (hola, Cathy de Al este del Edén; hola, Gemma Teller de Sons of Anarchy). El caso es que en cuanto terminé de escribir esa entrada, me apeteció hablar de algo que lleva mucho tiempo molestándome de la literatura actual y los personajes femeninos. Hasta ahora lo había evitado porque es un tema farragoso, pero es que a veces hay que dar ciertas opiniones aunque no a todo el mundo le vayan a gustar.

Estoy hasta las narices del “personaje femenino fuerte”. Me pone de los nervios. Hala, ya lo he dicho.

En serio, es una etiqueta que se ha puesto muy de moda de un tiempo a esta parte y que no me gusta nada. Tanto es así que ya procuro evitar describir a un personaje como “fuerte”, porque automáticamente se me viene a la mente esto y me da la sensación de que lo estoy minusvalorando.

Por dar un poco de contexto, por si alguien se siente perdido, diré que en buena parte de la literatura actual, probablemente más dentro de la juvenil y la fantástica, parece que se ha puesto de moda el postureo feminista. Lógico, tantas quejas (fundadas) de que estos géneros están poblados de misoginia y modelos de mujer absurdos han calado, pero parece que en vez de intentar solucionarlo con personajes femeninos reales y complejos (como por ejemplo están haciendo en las series de televisión cada vez más), nos ha dado a todos por ponernos a calificar a cualquier mujer que levanta la voz como “personaje femenino fuerte” y a aplaudir como si eso fuera algo digno de admirar.

En mi opinión, no lo es. Explico por qué.

Para empezar, no me gusta la etiqueta en sí misma. Primero, porque lo de la fuerza es algo muy subjetivo (física, emocional, etc.) y que además varía (yo puedo ser muy fuerte hoy al enfrentarme a X cosa y muy débil pasado mañana al toparme con otra distinta), así que a veces es difícil calificar a un personaje como fuerte o débil. Segundo, y más importante, porque nunca, jamás, en mi vida, he escuchado a nadie decir que “Jaime Lannister es un personaje masculino fuerte”. ¡Y lo es! No porque sea un gran espadachín (eso es muy obvio), sino porque al hombre le pasa lo que le pasa en el segundo tercer libro (no voy a hacer spoilers pero: Vargo Hoat, la Cabra) y sigue adelante. Pero Jaime nunca es calificado como “fuerte”. Así que, a lo mejor soy yo, eh, pero cuando alguien califica a Brienne, por ejemplo, como “personaje femenino fuerte” me suena a premio de consolación, a postureo de “mira cuánto queremos a los personajes femeninos dentro del género fantástico”.

Así que no, no me gusta la etiqueta porque ni creo que sea precisa ni me parece que haga ningún bien.

Aparte, hay que ver la cantidad de basura que nos han colado dentro de esa etiqueta. Porque a mí me gusta una guerrera más que a nadie, os lo prometo, pero es que a veces parece que la única forma de crear un personaje femenino fuerte según los cánones actuales es a que sea una tía buena con dos kilos en cada pecho y anoréxica (pero con cero problemas de espalda, ojo) que encima de todo es capaz de dar una paliza a media docena de personajes masculinos que pesan cien kilos más que ella. Ah, y además, si haces que su personalidad encaje dentro de esa otra etiqueta maravillosa que es la de “marimacho”, ya te llevas el premio gordo. Eso es literatura feminista. Pero si una muchacha de sesenta kilos no puede levantar a pulso de un tío de ciento veinte o llora cuando se le muere el gato, eso es anticuado y no es un “personaje femenino fuerte”.

"Llevo vestido, guardaespaldas y no se usar una espada. Mira qué débil e inocente soy. Un corderito."
En el fondo esta entrada no es más que una excusa para decir que echo de menos aquella época en la que solo existían dos tipos de personajes femeninos, los bien construidos y lo mal construidos, y donde eso no lo determinaba ser una repartidora de hostias profesional o la reina de las respuestas cortantes.

Como digo, me encanta una guerrera bien construida. Incluso puedo llegar a tolerar a una que lleve una de esas armaduras con pechos (y hasta pezones) si es coherente, compleja y real. Pero tampoco me gusta esta caza de brujas con las “damiselas en apuros”. Sobre todo porque parece que ya todo personaje femenino que no pueda defenderse en una pelea contra diez ninjas es considerado damisela en apuros (yo sería una damisela en apuros total).

No sé de qué sirve que en literatura tengamos personajes femeninos muy cool, con un supuesto carácter a prueba de balas y patadas voladoras incorporadas si luego se dedican a babear detrás de un bíceps. Me venden que Divergentes y derivados hacen mucho por las niñas que los leen porque presentan un modelo de mujer con el que se pueden sentir identificadas o al que podrían admirar. Y bueno, sí, la muchacha es muy dura y a mí me podría saltar los dientes, pero luego la meten en una máquina de realidad virtual para enfrentarse a sus mayores miedos como parte de su entrenamiento y uno de sus miedos es… intimar con el protagonista masculino. Porque claro, él está to’ bueno y ella, aunque sea dura a más no poder, tiene que ser una princesita, inexperta, virgen y echarse a temblar cada vez que él se le acerca. Muy feminista todo.

En fin, que echo de menos la literatura de género antes de que se pusiera de moda la etiqueta y un montón de autores se abalanzaran sobre ella para “dar ejemplo”. Personalmente, me interesan más los personajes femeninos complejos y reales que los que se denominan hoy por hoy “fuertes” (según esa norma, de mi lista de la entrada anterior, Sansa, Maria, Lizzy y hasta Scarlett serían “débiles”).

"Me da miedo el sexo, pero no ir a la guerra y matar gente, porque soy ¡dura de pelar!"
Nos han vendido la moto de que estamos leyendo la literatura con mejores personajes femeninos que ha habido jamás, y eso es un disparate. Es verdad que las libertades de la mujer están mejor hoy que hace cien años, pero también estarán mejor dentro de cien (esperemos). Así que yo creo que hay que mirar las cosas en su contexto, y la literatura del siglo diecinueve está poblada de personajes femeninos maravillosos y admirables. Todas ellas serían hoy “damas en apuros” y no “personajes femeninos fuertes”, porque, lógicamente, viven en el mundo en el que viven y no lo pueden evitar. Pero que nadie venga a decirme, os lo suplico, que un Los Juegos del Hambre/Divergente es más feminista que un La Regenta/Ana Karenina, porque se me cae el alma a los pies. Mil páginas de desarrollo de un personaje femenino que vive preso en una sociedad que huele a rancio versus una tía buena que reparte hostias como panes sin despeinarse ni, por supuesto, pesar más de cincuenta kilos (aunque aun así sus músculos son de acero, ojo; una cosa no está reñida con la otra).

Y eso en la juvenil. No entro más en la fantasía y derivados porque entonces me entran ganas de enviar copias de Canción de hielo y fuego a la mayoría de escritores del género que he leído para que vean cómo construir buenos personajes femeninos. De todo tipo, de las “fuertes” y de las “damiselas en apuros”.

Nada, que nosotras aquí enredándonos con etiquetas que suenan muy bien al oído y los niños leyendo que está bien que una mujer sea súper dependiente de un tío (y si es un capullo, aún mejor) y haga lo que sea por tenerlo contento siempre y cuando ella sea guapa, delgada y de vez en cuando grite un poco o dé una contestación borde para ser un “personaje femenino fuerte”. Claro que sí.

Mis heroínas literarias

Hace un par de eras glaciares hice una entrada con mis heroínas televisivas, porque tenía el día rebelde y no me apetecía escoger a las literarias. Hoy quiero enmendar aquello y vengo a alabar (y en algunos casos defender contra los haters) a cinco señoritas de la literatura que me robaron el corazón en su día.

Aviso de que la palabra heroína está usada con mucha laxitud aquí. Entendamos como heroína a todo personaje femenino con un mínimo de importancia en la historia y que no sea la antagonista.

Mis elegidas son:


5. (Señorita) Lizzy Bennet, de Orgullo y prejuicio


Elección poco original donde las haya, pero era inevitable. Tenía que meter a una heroína austeniana en la lista sí o sí, y aunque Persuasión me gusta tanto como Orgullo y prejuicio y siempre me cuesta decantarme por uno de los dos libros, el carácter de Lizzy me gusta mucho más que el de Anne. Es inteligente, vivaracha, apasionada con las cosas que le importan y además tiene un punto de adolescente rebelde y contestona que sí que tiene mucho de heroíco para la protagonista de una novela de Regencia.

Debe de quedar muy poca gente que no conozca a Lizzy, pero si sois una de esas personas, tenéis que ponerle remedio cuanto antes. Además, Orgullo y prejuicio siempre me ha parecido el libro de Jane Austen más asequible para todo tipo de lectores.


4. (Princesa) Maria Bolkonskaya, de Guerra y paz


Me ha costado (casi me ha dolido físicamente) tener que escoger entre ella y la Rostova, igual que me pasó a lo largo de toda la novela. Mientras que Natasha Rostova es un personaje lleno de vida y que te arrolla desde la primera página, Maria es de esos que empiezan en un segundo plano, al principio no te importan, pero van haciéndose un hueco en tu corazón con cada escena en la que aparecen. Es una corredora de fondo y, para cuando llegas a la página mil y pico de esta obra mastodóntica, Maria es uno de los personajes para los que más deseas un final feliz.

Maria es la clásica buena persona, sin matices. Es verdad que quizá sea un personaje demasiado cliché con su religiosidad y rodeada de familiares (e institutrices, cof, cof) que se aprovechan de su bondad y hacen de su vida un sacrificio continuo.

No es guapa ni tiene una personalidad que llame la atención, más bien es una muchacha tímida e insegura que se da a los demás porque cree que eso es lo único para lo que sirve, que nunca encontrará nadie que la quiera ni podrá formar una familia. Pero a medida que van pasando las páginas, el personaje va creciendo y enfrentándose a situaciones muy complicadas sin perder su buen corazón, y eso siempre es meritorio.


3. (Princesa) Laurana Kanan, de Crónicas de la Dragonlance


Laurana es mi Sansa de los trece años. He perdido la cuenta de con cuánta gente del fandom me pegué (figuradamente) en mi adolescencia defendiendo el buen nombre de la elfa más mimada de Crónicas de la Dragonlance, y no me arrepiento. Tanto es así que lo digo bien alto aunque me busque enemigos: Laurana es el mejor personaje de la trilogía, y ni siquiera Raistlin le llega a la suela del zapato (aunque es el que más se acerca).

Tengo esta trilogía muy olvidada y nunca encuentro el momento para releerla, pero sí recuerdo que el segundo volumen, La tumba de Huma, ES Laurana, sobre todo la segunda mitad. Aquí la niña mimada del primer libro, que había crecido protegida de todo en la idílica sociedad élfica, conoce de primera mano la crueldad del mundo exterior y no solo no se achanta, sino que se crece ante las adversidades. Un personajazo que además evoluciona una barbaridad a lo largo de la trilogía, al contrario que la mayor parte de sus compañeros.

Si no habéis leído esta trilogía clásica del género fantástico, os la recomiendo muchísimo. Es posible que pierda cierta magia si no se lee con trece o catorce años como hice yo, pero estoy convencido de que sigue aguantando el tipo mejor que otras obras fantásticas del mismo estilo, llamémoslo tolkiano.


2. (Miss) Scarlett O'Hara, de Lo que el viento se llevó


Ya sé, ya sé, Scarlett heroína... Es egoísta, es déspota, violenta, desagradecida, interesada, manipuladora, clasista, racista (aunque esto tiene que ver más con la sociedad en que se ha criado que con ella) y así hasta llenar varias líneas de adjetivos. Pero también es una superviviente como no he leído ninguna, una fuerza de la naturaleza que no se detiene ante nada y que sería capaz de cualquier cosa (creo que podemos decir que literalmente) por seguir viviendo, aunque sea en las condiciones más precarias.

Scarlett no entiende lo que es rendirse, se enfrente a lo que se enfrente. Solamente por eso, a mí ya me tiene ganado. Los personajes supervivientes son mi debilidad, siempre lo han sido, y Scarlett es el paradigma de la supervivencia. Además, a medida que la vamos conociendo, empezamos a comprender mejor cómo funciona y vemos que sí que tiene un corazón. Si no que alguien me diga cómo es posible que no mandara a freír espárragos a todas esas rémoras que la rodeaban en su vida. Siendo la mayor egoísta del universo, Scarlett se sacrificó más de lo que haríamos cualquiera de nosotros por sacar adelante a una pandilla de inútiles (salvo Miss Melly y Mammy, obviamente) que no le aportaban nada. Así de contradictoria es la O'Hara, personajazo mayúsculo donde los haya.


1. (Lady) Sansa Stark, de Canción de hielo y fuego


Abandoné la adaptación televisiva de esta saga en la cuarta temporada y sé que la trama de Sansa ya no tiene nada que ver con la de los libros, pero confieso que he disfrutado mucho esta semana cuando al menos media docena de personas me han escrito para pedirme perdón por todas las veces que estuvieron a punto de saltarme los dientes por defender tanto a Sansa.

Sansa es un combo de Laurana + Scarlett. Igual que la primera, fue criada entre algodones y por esa razón era todavía una cría ingenua cuando se enfrentó al mundo real, y como la segunda, es una superviviente. Con el personaje de Sansa, Martin ha hecho (o está haciendo, bueno) un retrato insuperable de la pérdida de la inocencia y el fin de la infancia. El arco argumental de Sansa es una novela coming-of-age en toda regla, y ya sabéis que ese es otro de mis fetiches literarios.

Sansa es comparada continuamente con su hermana Arya, dos años menor, otro personajazo de Martin. Los defensores de Sansa siempre hemos dicho que ambas son supervivientes en su estilo y dentro de sus posibilidades, y que ninguna desmerece a la otra (de hecho, siempre he pensado que si se intercambiaran las tramas, ambas habrían muerto antes de acabar el segundo libro). Pero Sansa es más nuestra, se siente más real. O por lo menos, en su lugar, mi yo de once años siempre estaría más cerca de actuar como Sansa que como Arya.

Cuanto más conozco a los personajes de Canción, más me gusta Sansa. No solamente por su evolución (que es de las mayores de la saga), sino por el modo en que lo ha hecho. Sé que mucha gente no opinará lo mismo, pero en un lugar tan hostil como Poniente, la forma de enfrentarse al mundo de Sansa me parece mucho más admirable y valiente que la de Arya o cualquier otro de los personajes. Sansa no solo ha sobrevivido a cinco libros terribles, sino que lo ha hecho manteniendo más o menos intacta su humanidad. Sansa aún es compasiva, aún confía en la bondad del género humano y, con reservas, tiene su corazón abierto a los demás. Para mí, eso la iguala en valentía al guerrero más fiero de Poniente.

Y sí, es un poco pava y caprichosa a veces, pero a los fans nos gusta así.


#AUTOBOMBO: Sí, sí, lo sé, esta entrada parece que no se acaba nunca, pero juro que ya estáis llegando al final de verdad. No quería desaprovechar la ocasión para hacer un anuncio y un recordatorio referentes a moi (egocentrismo al poder). A saber:

  • El anuncio: Si alguno/a sois de tierras astures o da la casualidad de que pasáis por aquí, os informo de que este sábado día 2 de julio, a las 19:00h presentaré mi novela Monstruos en la Librería-café Santa Teresa de Oviedo (Calle Covadonga 11). Me presentará mi divertidísima compañera de editorial y también escritora Carmen Amil (@CarmenAmil). Lo iré recordando por Twitter esta semana, pero la primicia es para los lectores del blog, faltaría más. Así que lo dicho: si os pilla cerca y no tenéis plan mejor para la tarde del sábado, yo encantado de conoceros.
  • El recordatorio: Además de presentación de la novela, tenemos un sorteo activo en Twitter desde hace un par de semanas. El plazo para participar termina este jueves día 30. Para participar solo tenéis que seguirnos en Twitter a mí (@jorcienfuegos) y a la editorial (@EscarlataEd) y hacer RT al tweet del sorteo, que lo tienen destacado en la cuenta de Escarlata para que esté bien a la vista. Y si no tenéis Twitter, ya lo siento, pero intentaré hacer pronto otro sorteo, quizá a través del blog, para que nadie se quede sin oportunidad por estar fuera de las redes sociales.

Y ahora sí que sí, ¡el final de la entrada! Si habéis llegado hasta aquí leyéndolo todo sois más guapos que Charlie Hunnam y más majos que Amy Poehler.

Ahora es cuando me contáis cuáles son vuestras heroínas literarias en los comentarios. Y si queréis despotricar sobre Sansa y/o Laurana, #challengeaccepted. Maria y Lizzy no, eh, que son buena gente. Y Scarlett es una arpía, eso no os lo vamos negar ni ella ni yo.

#Tochogate2016



Bajo este hashtag que es pura poesía está un desafío de lectura veraniego que surgió un poco a lo tonto cuando Cris comentó que ella en verano siempre leía algún tocho y que lo planeaba en los meses previos. Algunos amantes de las lecturas infinitas en verano empezamos a animarla por Twitter y ahora aquí me tenéis, compartiendo las lecturas que tengo en el punto de mira como posibles tochos para julio-agosto. 

Este año no voy a tener tanto tiempo como otros, entre algún eventillo relacionado con mi novela, escribir y prepararlo todo porque en agosto me marcho dos años a hacer un máster en USA. Pero vamos, que salvo que me dé una crisis lectora seria, uno de estos tochos cae, como mínimo.

Sin más dilación, voy a presentaros mis cuatro candidatos a protagonizar el #tochogate2016. Por candidatos, tengo cientos, pero estos los tengo en la estantería y no me los voy a poder llevar en la maleta en agosto, así que me corre aún más prisa leerlos.



Notre-Dame de París, de Victor Hugo | ~700 págs.

Por número de páginas, este es más bien un semi-tocho, pero ser clásico del siglo XIX siempre debería puntuar doble. De Hugo solo he leído un par de obras de teatro, y aunque sé que lo suyo sería ponerse con Los Miserables, que además sí que es tocho puro, es un libro que, cosas de la vida, nunca me ha llamado nada de nada la atención. Ahora bien, Notre-Dame de París es de los clásicos que me atraen desde la primera vez que oí hablar de ellos. Y es que ya sabéis que todo lo que tenga tufillo a novela gótica me tiene ganado.

Es el primer libro de la lista porque es el que más posibilidades tiene de caer, aunque soy tan voluble con las lecturas que eso nunca se sabe.

Lonesome Dove, de Larry McMurtry | ~900 págs.

Dice una cita de la cubierta de mi edición: "Si solo lees un western en tu vida, que sea este". Pues dicho y hecho. Tengo muchas ganas de leerlo, pero al miedo natural a semejante tocho se suma que es un género que domino y que no tengo claro que me vaya a gustar y, sobre todo, que está en inglés. Si de normal leo despacio, en inglés se duplica, y un tocho de este estilo en inglés tengo que cogerlo con tiempo y ganas. Aunque el año pasado mi tochogate fue un tanto tardío, en septiembre, y fue un éxito con Gone with the wind, que se ha convertido en una de mis novelas favoritas.



La novela de Genji, de Murasaki Shikibu | ~1600 págs.

Tocho entre los tochos, al nivel de Guerra y paz. Clásico japonés del siglo XI, ahí es nada; seguramente, una de las primeras novelas de la historia. Da miedo (normal), pero creo que si se lee con paciencia puede funcionar, o al menos a Isa le encantó, y yo de ella me fío, especialmente en materia de autores japos.

Bonus: La mejor venganza, de Joe Abercrombie | ~800 págs.

Tengo este libro parado en la página trescientos desde febrero, pero es que lo empecé en plena crisis lectora y la verdad es que no me estaba entusiasmando. No es que no me gustara, porque entonces no hubiera llegado tan lejos, pero solamente me entretenía lo justo para seguir leyendo, muy lejos de la adicción que me creó la trilogía de La Primera Ley del mismo autor, y al final llegó un momento en que leer ochocientas páginas por leerlas me pareció demasiado. Pero este lo termino seguro, porque además Abercrombie es un autor que me gusta y creo que puede remontar según avance la trama.

Otros candidatos que se quedarán en el tintero, básicamente por que no están en mis estanterías y quiero dar prioridad a los que sí: It, de Stephen King; Pétalo Carmesí, Flor Blanca, de Michel Faber; El canto del cisne, de Robert McCammon; cualquier tocho de Ayn Rand.

(Opinión impopular) El secreto, de Donna Tartt

En la foto: Donna Tartt.

Hay libros que salen rana cuando menos lo deseas. Con la frustración que va a destilar mi reseña sobre El secreto, de Donna Tartt, seguro que alguno pensaréis que me enfrenté a él con pocas ganas de que me gustara, con intención de criticarlo porque la autora es un best seller, etcétera, etcétera. Pero nada más lejos de la realidad. De todos los libros que he leído en lo que va de 2016 (poquitos, por cierto, que llevo un ritmo penoso este año), este es sin duda el que más quería que me gustara, porque a priori tenía todos los elementos para convertirse en un favorito instantáneo. Igual de ahí viene también esa frustración que os digo.

He estado un par de días dándole vueltas a cómo enfocar la reseña, y al final he pensado que lo mejor será copiaros aquí la opinión en caliente que escribí en Goodreads cuando lo terminé, y después matizaré un poco. Cuando un libro no me gusta prefiero esperar un tiempo y opinar más en frío cuando se me pasa ese cabreo que uno se agarra a veces cuando se lleva un chasco de estos, pero es que cuanto más pienso en El secreto, peores cosas tengo que decir, así que voy a quedarme con la mini-reseña original que hice en su momento, porque si no va a ser peor.


El secretoEl secreto by Donna Tartt
My rating: 1 of 5 stars

1,5 más bien.

Opinión impopular, lo sé, pero este libro me parece lo más incoherente e inverosímil que he leído en unos cuantos meses. Está aceptablemente escrito, la idea en sí es buena y se nota voluntad por parte de la autora para contar algo complejo y con unos personajes con profundidad psicológica. La palabra clave es "voluntad", eso sí.

(He leído unas 450 págs y el final; entremedias, he leído algunas páginas en diagonal y mucho resumen de internet, porque tenía miedo de leerlo hasta el final y causarme una lesión cerebral de tanto poner los ojos en blanco).

Mi problema con este libro han sido los personajes. Mira que a mí me gusta una historia de personajes y esta lo es, pero no. En serio, no. Tartt parece que no tiene claro si va a contar la historia de un grupo de sociópatas con complejo de secta y todos los trastornos psicológicos que uno se pueda imaginar o la de unos genios, súper cultos, súper inteligentes, con un punto romántico y encantador a lo "somos almas viejas" (que el pavo tiene 20 años y escribe su diario el latín, ojo). Intentar contar ambas historias a la vez es bastante complicado a priori, y para mi gusto la autora no ha estado a la altura (y se ha quedado bien lejos).

En mi mundo, la sociopatía y los trastornos mentales no te van y te vienen según el capítulo. En mi mundo, uno no comente determinados actos y reacciona a ellos de determinada manera [SPOILER] ("Jo, tío, la gente nos envidia tanto que seguro que nos condenan por asesinato solo por haber matado a un tío drogados hasta las cejas") [/SPOILER] sin tener algún tipo de trastorno mental. Y a mí me encantan las historias de personajes trastornados, lo prometo; pero si te comprometes con un grupo de sociópatas, tira pa' lante. No comprendo eso de que en el primer capítulo mis personajes son gente maravillosa, inteligente y equilibrada, en el segundo son perturbados mentales (y encima MUY tontos), en el tercero gente sana otra vez, y así todo el tiempo. Me ha resultado indescriptiblemente incoherente todo. ¿Los personajes son gente equilibrada o no? Que se aclare Donna Tartt primero, porque si no no hay manera de contárselo bien a los lectores.

Encima me da la impresión de que se idealiza todo de manera romántica a lo "ay, qué jovenes y qué locuelos éramos, ¿eh?", y esto ya es para tirarse por la ventana. No lo digo muy alto porque la segunda parte del libro ha sido lectura diagonal/wikipedia salvo las últimas 20 páginas, pero vamos, que la impresión que me dieron las primeras 500 y el final es ese, una historia al más puro estilo "cosas que pasan" o "son almas viejas, son especiales, pobrecitos".

Como dato aparte, me desorino con que la autora le dedique el libro a Bret Easton Ellis. Ellis, siendo un escritor mucho más limitado en lo que a narrativa se refiere, ha contado media docena de historias de jóvenes sociópatas/trastornados/alienados que terminan cruzando la línea, y, repito, sin ser precisamente obras maestras de la narrativa, las suyas al menos son coherentes (véase American Psycho, Menos que cero, Las leyes de la atracción, etc.) Así que Donna, reina mora, ya podrías haberle echado un vistazo a la bibliografía de tu amigo antes de escribir esto, o, no sé, haber consultado a un psiquiatra que te asesorara o algo, porque en fin.

Para rematar, y sé que voy todavía más a contracorriente con esto, a mí el libro no me parece ni un thriller trepidante, ni adictivo, ni na' de na'. Es más largo que un día sin pan y le sobran fácilmente 300 o 400 páginas. Y ritmo tiene más bien poco (e intriga menos), así que calificarlo de thriller me parece ya para mear y no echar gota.

Vamos, que he disfrutado mucho de la lectura, creo que se palpa :P

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Eso dije en Goodreads, entre cabreado e irónico, y pasados unos días lo suscribo. La novela no está mal escrita, pero, en mi opinión, no hay por dónde coger a los personajes. Sencillamente, tienen poca o ninguna coherencia; no la tienen ni consigo mismos, para empezar. Y mira que es difícil escribir una historia de personajes en la que los personajes no tengan ni pies ni cabeza, pero esta mujer lo consigue.

Le he estado dando muchas vueltas estos días y quizá sea una cuestión de formas distintas de entender el mundo.

Yo soy de los que cree que detrás de todo lo que hacemos tiene una explicación. Si matas a alguien, tiene que haberla también. A lo mejor ha sido un accidente, quizá una enajenación mental del momento, puede que te hayan afectado x sustancias que te has tomado o, simplemente, que tienes algún tipo de problema mental. Vamos, un trastornado de toda la vida, de los que salen en Mentes criminales. Pero hasta para el personaje más trastornado es coherente dentro de sus propias reglas que a nosotros nos parecen sinsentidos.

Lo que me ha pasado con El secreto es que parece que Donna Tartt se tomara el asunto con una frivolidad (o una ignorancia) que no acabo de entender. Hoy mis personajes son gente normal e inteligente, mañana son una secta pseudo satánica, mañana son normales otra vez...; ahora no tienen ningún remordimiento por lo que han hecho (psicopatía de manual), luego se sienten culpables y se dan a la bebida para ahogar las penas... Tan pronto muestran síntomas de no tener una cabeza como la vuestra y la mía (sociópatas como mínimo), pero después se enamoran, y son súper amigos y sienten con la intensidad absurda con la que todos sentimos a los veinte años. De verdad que no consigo encontrarles la coherencia por ningún lado. Como digo en la reseña de Goodreads, es como si Tartt quisiera contar la historia de unos amigos súper chupiguays (un poco consentidos, pero súper chupiguays) y de unos psicópatas en potencia al mismo tiempo. El problema es que ser un sociópata o un psicópata es incompatible con determinadas cosas.

Insisto mucho en esto porque no quiero que quede la respuesta fácil de: "ah, no te ha gustado el libro porque los personajes te caen mal". Para nada. Algunas de mis novelas/películas/series preferidas están protagonizadas por villanos, criminales, asesinos y personajes despreciables en general. Mi problema en El secreto es que nada de lo que cuenta la autora me parece coherente.

Leyendo reseñas en Goodreads, alguien señalaba algo que a mí también me había ocurrido, y que es una muestra muy gráfica de hasta que punto Tartt no es coherente con sus personajes. Resulta que Bunny (que, por otro lado, es el único personaje medianamente bien construido y consecuente) nos es descrito al principio como el típico americano grande y deportista estereotípico, masculino, de una familia con varios hermanos todos chicos, etc. En definitiva, que, al menos de cara a la galería, la imagen que da es la de un machoman de estos que ya huelen un poco a rancio hoy en día. Pero es que luego la novela avanza, conoces a Bunny, cómo habla, cómo viste, cómo se mueve y lo que Tartt te está mostrando es al personaje más amanerado del grupo (más amanerado que el gay esterotípico y atormentado que mete con calzador, por cierto). Mientras leía, yo pensaba que estaba confundiendo mi recuerdo del Bunny que parece súper masculino con otro personaje, pero al leer esta reseña que os digo, me di cuenta de que no, de que era el mismo. Esto es casi anecdótico, pero creo que da una buena idea de hasta que punto los personajes de esta novela son así o asá según lo que le convenga a la autora en cada capítulo.

Más allá de la coherencia o no, podríamos entrar a hablar del número loco de páginas, de lo repetitivo que es todo, de ese sistema académico tan extraño de la novela que no hay quien se crea que esté permitido por una universidad... Pero, ¿para qué? Para mí basta con decir que El secreto es un pastiche de Mentes criminales con Gossip Girl, con un mínimo de 300 páginas de relleno y una autora que no sabe lo que hace.

Eso sí, el libro ha cosechado muy buenas críticas, algunas de otros blogueros muy sensatos de cuyas opiniones me fío casi siempre (esta vez va a ser que no, me vais a disculpar). Y Donna Tartt ha gando el Pulitzer con su novela más reciente, El jilguero. Hasta la fecha no he leído un solo premio Pulitzer que no me haya parecido un gran libro, así que no tengo por qué dudar que este lo sea. Entre El secreto y El jilguero han pasado como veinte años, y Tartt habrá mejorado mucho, como cualquier escritor en ese tiempo. Aun así, conmigo que no cuente. Esta primera novela suya ha sido tan decepcionante a todos los niveles que me ha quitado las ganas de darle otra oportunidad jamás de los jamases.

Ahora bien, si no habéis leído El secreto, os animo a que la leáis. No porque os desee lo peor, sino porque de verdad que ha mucha gente con criterio le gusta y, si es así, algo bueno tendrá. Yo no se lo he encontrado, pero quizá vosotros tengáis más suerte.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

En la foto: Margaret Atwood.

Me he pensado mucho si reseñar este libro o no. Es una obra tan impecable que tengo miedo de no ser capaz de decir nada salvo que "está genial" y que "tenéis que leerlo". Si veis que a medida que avanzan las líneas no digo nada coherente, volved aquí y quedaos con esas dos frases, porque de verdad que es genial y que, si no lo habéis leído, os lo recomendaría. Además es de esos libros que creo que valen para cualquier lector, géneros y gustos personales aparte.

Margaret Atwood, casi octogenaria, canadiense, Premio Príncipe de Asturias y Arthur C. Clarke (en otros muchos), era una de escritora que tenía pendiente hace tiempo. Concretamente quería leer el libro que reseño hoy; por eso, cuando me enteré de que iban a adaptar la novela como miniserie con Elizabeth Moss de protagonista, pensé que adelantarse a la serie era la excusa perfecta.

Hacedlo, hacedlo todos, adelantaos a la serie, porque dudo que puedan hacer algo que se acerque al talento narrativo de la Atwood.

Qué bien escribe esta mujer, qué bien escribe la condenada. Tiene una prosa evocadora en su justa medida, sin perder el contacto con la realidad, y una mezcla de dureza y lirismo que a esta novela en concreto le va genial. Hacía tiempo que no me encontraba con una prosa que me llamara tanto la atención. Es posible que desde la de Evelyn Waugh en Retorno a Brideshead el año pasado.

Pero la pluma de la autora es solo el principio de las virtudes de El cuento de la criada. La novela es una distopía, una de verdad, no en el sentido que se usa hoy a veces en literatura juvenil como sinónimo de futurista. La novela retrata un mundo terrible en el que la sociedad ha dado un giro radical y ha convertido a las mujeres en esclavas que solo interesan en tanto que puedan tener descendencia sana. La protagonista es una de las llamadas "criadas", que son mujeres destinadas a engendrar hijos para familias prominentes en los que la mujer no puede tener hijos (o sí puede pero su marido no, cosa que en esta sociedad se niega porque la culpa es siempre de la mujer).

No entro en más detalles sobre la trama porque este es uno de esos libros que se disfruta descubriendo poco a poco. La narración está muy fragmentada, nuestra protagonista entremezcla el presente con recuerdos de distintas épocas del pasado, y así vamos entendiendo más sobre el mundo en el que vive con un ritmo muy pausado. Y en este caso pausado no es sinónimo de relajado. A pesar de que es una novela que, como digo, avanza despacio y tiene mucha introspección del personaje principal, yo me he pasado muchas partes sentado al borde de la silla por la tensión que consigue crear la Atwood. Realmente construye una sociedad en la que tienes miedo de que ocurra algo a la vuelta de cada esquina.

Creo que solo con lo que os he contado del argumento no hace falta decir que se trata de una novela feminista que critica determinados roles de géneros impuestos a veces en nuestra sociedad y que en este caso se llevan hasta el extremo. Lo más escalofriante del asunto es que, como las buenas distopías, todo lo que cuenta parece muy real, como si a veces no estuviéramos tan lejos de ello.

El libro es largo y al principio yo pensaba que le iban a sobrar páginas porque, como digo, es una de esas novelas en las que no suceden demasiadas cosas. Bueno, pues me equivocaba. No le sobra ni una página, y es todo obra de la prosa de Margaret Atwood y de esa voz narrativa tan interesante que tiene la protagonista de El cuento de la criada.

Así que ya sabéis: recomendable no, lo siguiente.


Momento spam: Os lo cuelo después de la reseña de esta semana porque dedicarle una entrada ya es un nivel de spam demasiado alto. Como sabéis (y si no lo sabéis, pues os lo digo ahora), he publicado una novela con Escarlata Ediciones. Se llama Monstruos y tenéis toda la información en esta página.

La novela se publicó el mes pasado y ya han aparecido en Internet las dos primeras reseñas. Os las enlazo aquí, porque sé que estas cosas ayudan a decidirse a leer o no (leches, como que pongo esto al final de una reseña que acabo de hacer :P).

  1. En Entre páginas de Blue le ponen 3 sobre 5: aquí la reseña.
  2. Y en Erial no puntuan, pero vaya cosas más bonitas que me dice Sofía: reseña aquí.

Además, también tenéis alguna opinión más en la ficha del libro en Goodreads.

Y ya está, se acabo el spam. Fin de la cita, como diría el Coco ya sabéis quién.

Trilogía de Salterton, del gran Robertson Davies

En la foto: Robertson Davies.


Hace dos semanas terminé de leer Una mezcla de flaquezas, de Robertson Davies, que ponía el cierre a su Trilogía de Salterton. Las dos primeras entregas ya las reseñé en su momento en el blog (A merced de la tempestad y Levadura de malicia), pero, como el autor lo merece, me apetecía hacer una entrada sobre la trilogía completa en vez de limitarme a reseñar la tercera parte, que quizás no me haya dejado el buen sabor de boca que anticipaba.

Tengo la sensación de que Davies no es un autor demasiado conocido aquí. O si lo es, será en las librerías y no tanto en los mundos de Internet, porque os confieso que llegué a él de casualidad mientras cotilleaba el catálogo de Libros del Asteoride. Lo que captó mi atención fue que su primera novela publicada, A merced de la tempestad, trataba sobre un pueblecito de la Canadá de mediados del siglo XX cuyos vecinos montaban una compañía de teatro amateur para representar a Shakespeare. El argumento sonaba tan de mi estilo que me lancé a la piscina a pesar de que no tenía referencias de Davies por parte de ningún conocido/bloguero que siguiera.

No podría haberme salido mejor. Sin lugar a dudas, Robertson Davies fue mi descubrimiento literario de 2015. Es un narrador excelso; publicó su primera novela a una edad ya avanzada, después de una prolífica carrera como crítico, periodista y estudioso del teatro. Quizá por eso, su prosa está depuradísima. Además, como siempre digo, tanto su manera de escribir como sus historias tienen un toque retro que a mí me remite más a los clásicos británicos del XIX que a cualquier narrador americano del XX.

Sus obras se articulan en trilogías, cuatro, concretamente. La última se quedó incompleta a su muerte en los años 90, aunque según las críticas que he leído, parece que no iba por tan buen camino como las tres anteriores. La Trilogía de Salterton, que es la que he leído, es la primera de todas ellas, pero, como os decía antes, no hay nada en ella que huela a escritor primerizo.

Me imagino que sucederá lo mismo con todas sus trilogías, pero, al menos en la de Salterton, la relación entre las tres novelas es muy laxa, tanto que las novelas se pueden leer de manera independiente. Sobre todo la tercera, en el que el nexo es aún menor. El punto en común de todas las novelas es el entrañable pueblecito canadiense de Salterton, un lugar caracterizado por un provincianismo sin par. Sus vecinos son unas criaturitas tan ridículas que ríete tú de los de Stars Hollow.

En el primer volumen, A merced de la tempestad, conocemos el pueblo y a algunos de sus vecinos más célebres a partir de la representación amateur de La tempestad de Shakespeare que os mencionaba antes. Es una novela mu fresca, ligera, que sigue la estructura de una comedia de enredo tradicional, pero con ese toque erudito que impregna todo lo que escribe Davies.

El segundo libro, Levadura de malicia, es mi favorito personal. Retoma a algunos de los personajes de la novela anterior en una nueva historia mucho más satírica que a mí me recordó inevitablemente a la Jane Austen más irónica y crítica. Además, los protagonistas de esta novela en concreto son para mí dos de los personajes más tiernos del universo de Salterton, y entre carcajada y carcajada también llegaron a tocarme la fibra sensible.

El broche lo pone Una mezcla de flaquezas. Es una buena novela, pero después de haber leído las dos anteriores, me ha dejado un tanto frío. Y es que Davies cambia completamente el registro y abandona Salterton (apenas un par de capítulos transcurren en el pueblo), y, aunque la crítica mordaz sigue presente, también adopta un registro más serio y dramático. Y por si fuera poco, es una obra mucho menos coral que las dos anteriores. Como a mí lo que más me gustaba de las otras dos novelas era precisamente ese reparto coral de personajes entrañables y el humor crítico, los dramas de los insufribles protagonistas de Una mezcla de flaquezas no podrían haberme importado menos.

Aun así, a este último libro le he puesto un 3,5 en Goodreads, y es el que menos me ha gustado con mucha diferencia. Esto ya os da una idea del nivel que tiene la Trilogía de Salterton y de lo mucho que he disfrutado leyendo a Robertson Davies.

Sin duda caerá su Trilogía de Deptford, que además es la que más fama tiene, pero quizá deje descansar un poco a este gran narrador canadiense y lo deje para el año que viene. 

Sea como fuere, espero que esta entrada tan extensa haya hecho justicia a lo que he disfrutado leyendo a este buen señor a lo largo de este último año y que os anime a leer algo suyo a los que no lo habéis hecho ya. Porque de verdad que este escritor es de los buenos, buenos, y no tiene ni una décima parte de la fama que se merece.

Lolito, de Ben Brooks (y un poco sobre la literatura juvenil en general)

En la foto: Ben Brooks.


Una vez más, he vuelto a dar con una lectura juvenil que merece la pena. Y tras Jasper Jones, Alex Woods y demás, llevo una racha inmejorable con la novela YA. ¿Cómo lo hago? ¿Tengo poderes? Ojalá fuera un X-Men, pero no. Como ya estoy un poco harto de la literatura juvenil mediocre de siempre, la de Mary Sues y amor instantáneo, he desarrollado un poco de ojo para la YA que merece la pena. La clave está, tristemente, en buscar fuera de los catálogos de novela juvenil. Suena absurdo, lo sé, pero todas las buenas novelas de este género que he leído en estos últimos meses han sido publicadas, o bien por editoriales de narrativa o bien por editoriales que tocan varios géneros, pero que decidieron publicar estas novelas fuera de sus sellos juveniles.

No quiero hablaros de conspiraciones a lo Cuarto Milenio, pero empieza a darme que pensar. Da la impresión de que se intenta separar la YA de calidad del género y hacerla pasar por narrativa pura y dura. Esto no me parece mal en sí mismo, eh, porque tampoco os creáis que me llevo bien con la etiqueta de “literatura juvenil”; el problema es que al hacer esto se está perpetuando la idea de que la literatura juvenil es solo basura distópica y de romances absurdos en la que tenemos que darnos con un canto en los dientes cuando nos cruzamos con una Los Juegos del Hambre, por ejemplo, que tenga un mínimo de calidad. A lo mejor ayudaría un poco que cosas como Lolito o Jasper Jones se publicaran en un sello estilo Montena. Obviamente, le darían cien vueltas al resto del catálogo, pero ¿cuál es el problema?

No sé, esta ha sido una reflexión muy tonta y muy gratuita, pero es que me desconcierta un poco esta leyenda urbana que se está forjando de que la literatura juvenil solo es basura. Casi parece que las editoriales la fomenten adrede. Así pasa que luego le dices a alguien que su novela de cabecera, Algún día este dolor te será útil, es novela juvenil, y te miran ofendidísimos e inician un debate sobre lo divino y lo humano. Y como ya se te ocurra mentar El guardián entre el centeno, prepárate. ¿Cómo van a ser novelas juveniles grandes clásicos de la literartura? Todo el mundo sabe que la novela juvenil son vampiros y hamor con hache de héroe.

Y después de haberos colado esta reivindicación que ninguno habíais pedido (quizá hable más del tema de la juvenil en otra entrada en el futuro, quién sabe), paso, ahora sí, a hablar de Lolito, de Ben Brooks.

Tengo poco que decir, en realidad, porque ya se ha hablado mucho de ella en la blogosfera y en las redes. Si queréis mi opinión, se le ha dado demasiado bombo, a lo mejor porque el autor es muy joven y ha escrito una obra que, y aquí no cabe discusión, es diferente.

La trama no tiene nada de especial, en apariencia. Un chico de quince años tiene problemas con su novia y se mete en una espiral de alcohol, vida desordenada y chats sexuales, donde conoce a una mujer mayor con la que chatea ocasionalmente. La gracia de la historia es que Ben Brooks no la ha escrito del modo en que te la contaría John Green, sino en el que te encuentras en la calle. Que a lo mejor tanta orgía, drogas y palabrotas parecen un tanto exagerados a veces, pero seguro que más de uno trabajáis en institutos y tenéis la impresión de que está mucho más cerca de la realidad adolescente que lo que refleja Green en sus libros, por seguir con el ejemplo.

Lolito es muy “in your face” (que dirían los anglosajones), todo te lo tira a la cara casi con desprecio. Abusos sexuales, aborto, infidelidad, pedofilia… Y a lo mejor precisamente porque te lo escupe como si nada tuviera la menor importancia, cuando terminas la novela te quedas pensando sobre lo que has leído. Por eso Lolito funciona a la perfección como reflejo de la adolescencia más oscura y de esos seres egocéntricos y a veces rozando la psicopatía que casi todos hemos sido a los quince o los dieciséis, para desgracia de nuestros padres. Algunos más que otros, obviamente, y los personajes que salen en Lolito son los casos más extremos, pero no he leído en sus páginas nada que no me contara algún compañero de clase cuando estaba en la ESO.

Estoy seguro de que, igual que yo, vosotros habéis leído quinientas mil veces las siguientes frases en la contraportada o en las solapas de un libro: «[Nombre del autor] es la voz de su generación»; «[Nombre del libro] es el nuevo El guardián entre el centeno». Pues si os sirve mi opinión, Lolito es de las pocas novelas de las que oigo decir esto y, una vez leídas, no me parece descabellado.

Ben Brooks es joven, ronda mi edad y la de muchos de vosotros, y escribe con mucha sinceridad de la realidad que conoce. Sus referencias a la cultura pop de los millennial no son pegotes, como en la mayoría de novelas y series que intentan ser “la voz de su generación”. Yo leo a Ben Brooks y de verdad siento que las cosas de las que habla las podría hablar yo con un amigo tomando un café. Eso la convierte en una novela muy actual y, en efecto, muy ligada a la generación millennial. La pega es que dentro de unos años, quien lea esta novela con la edad que tiene Ben Brooks ahora, la notara muy desfasada. Es de ese tipo de historias que envejecen mal y que solo funcionan en el momento. Precisamente por eso sí que cumple un poquito (con modestia) eso de ser “la voz de una generación”.

Por otro lado, la comparación con la obra de Salinger también tiene mucho sentido. Aun así, más que en Holden Caulfield, yo buscaría las referencias del Etgar de Ben Brooks en las obras del realismo sucio estadounidense (que a su vez tuvieron a Salinger como uno de sus principales influencias, es cierto). Sobre todo en Charles Bukowski. Mientras leía las peripecias de Etgar, tenía la sensación de estar leyendo una versión adolescente del Henry Chinaski de Bukowski, también en el estilo de escritura de Brooks. La única diferencia es que Lolito me hace más gracia que las novelas de Bukowski, posiblemente por el tema generacional del que hablaba antes.

He divagado un poco y no sé si he llegado a alguna parte. La novela está bien, es diferente y me ha gustado, pero no me ha entusiasmado tanto como a otros. A lo mejor porque a mí el realismo sucio y sus derivados me gustan, pero nunca me entusiasman, salvo Richard Ford, pero es que nunca he estado ni estaré de acuerdo con que la critica meta a Ford en el saco del realismo sucio. Ben Brooks sí que escribe realismo sucio del siglo XXI.

Así pues, es un buen libro; es, insisto, diferente a lo habitual, y te hace plantearte cosas serias a través de una historia muy simple contada de una manera ligera pero que, a ratos, tiene un regustillo poético que le da sabor.

PD: Revisando el (tocho)post y, al final, parece que sí que tenía bastantes cosas que decir sobre Lolito. Pues bueno, ahí quedan dichas, y espero que os sirvan de algo.

Rebecca, de Daphne du Maurier

Fotograma de Rebecca (1940).


Por fin he leído Rebecca. Yo que me las doy de amante de la narrativa gótica, tengo tan poca vergüenza como para no haberme leído esta novela hasta 2016. Aunque las obras cumbre del género datan en su mayoría del siglo XIX (Drácula, Cumbres borrascosas, Otra vuelta de tuerca, Notre-Dame de París y un largo etcétera), esta novela escrita ya casi en tiempos de la Segunda Guerra Mundial está considerada como indispensable para los fanáticos de este subgénero. Y ahora que la he leído puedo confirmar que su reputación es más que merecida. Rebecca está a la altura de los clásicos de la novela gótica, que son en su mayoría novelones de primer nivel, así que no es moco de pavo.

La novela quizá sea más conocida por la adaptación cinematográfica que hizo Alfred Hitchcock en 1940. He esperado a terminar el libro antes de verla, y diría que me han gustado por igual una versión y otra. Eso sí, son diferentes, más que por el argumento, por el enfoque que se le da. Si habéis visto la película y os acercáis al libro, quizá esperéis que sea una novela donde predomine la intriga y la sensación de desasosiego, y no es así. Por supuesto que tiene momentos de esto (es novela gótica, ¿cómo no va a tenerlo?), pero, al estar narrado a través de la protagonista, la segunda señora Winter, se centra más en el retrato psicológico de esta, sus inseguridades y sus celos hacia la primera esposa muerta, que en la intriga de lo sucedido en sí misma. Al menos así lo sentí yo durante la lectura.

Por si no estáis familiarizados con el argumento y todo lo que digo os está sonando a chino, el resumen (sin spoilers, como siempre) sería el siguiente. Una muchacha joven (sin nombre para el lector) esta trabajando como acompañante de una mujer de la alta sociedad en Montecarlo cuando conoce al viudo señor de Winter. Un breve cortejo, boda y traslado a Manderley, la propiedad del señor de Winter, donde su nueva esposa tendrá que hacer frente al recuerdo de Rebecca, la esposa fallecida del señor de Winter, que lo llena todo y está en boca de todos. La protagonista empieza a obsesionarse con Rebecca y poco a poco descubre más cosas sobre ella y qué le sucedió.
Anoche soñé que había vuelto a Manderley. En mi sueño me encontraba ante la verja del parque, pero durante algunos momentos no pude entrar. Estaba cerrada la puerta con candado y cadena. En sueños llamé al guarda, pero nadie me contestó, y cuando miré detenidamente a través de los mohosos barrotes de la verja, vi que la caseta estaba abandonada.
La novela es excelente, así, sin más. No puedo ponerle ninguna pega. En Goodreads le di una puntuación de cuatro sobre cinco y dije que mi única razón para no darle el máximo era un tema de gustos personales y que quizá este libro no me había emocionado como sí que lo habían hecho otros. Fuera de eso, no se me ocurre nada objetivo que echarle en cara al trabajo de du Maurier: argumento, ritmo, profundidad, personajes... Todo está cuidado en su justa medida, y el resultado es una novela equilibrada. Quizá no os guste la historia o no sea vuestro tipo de lectura, pero me parece imposible no reconocer la redondez de esta novela, que no decae desde la primera página.

Cada vez más, es un placer encontrarse con obras impolutas como estas. La mayor parte de la gracia, para mí, está en la pluma de la autora. Sabes que estás ante un escritor excelente cuando se salta las normas básicas para escribir una novela que dictan los expertos y, aun así, se saca de la manga un novelón. "No se te ocurra empezar haciendo una descripción del paisaje o de un edificio", ¡y pum!, ahí llega Daphne du Maurier, que empieza Rebecca describiendo Manderley y te mantiene hipnotizado. Ya os digo que me encanta tropezarme con cosas como estas cuando leo, porque me hacen sentir que de verdad tengo literatura de la buena entre mis manos.

En resumidas cuentas, por si después de todos estos elogios queda alguna duda: Rebecca es una novela más que recomendable. Aquí entran ya los gustos de cada uno, pero si este libro se ajusta a los tuyos, ten por seguro que no será una decepción. Y si, como yo, eres amante de la narrativa gótica, estás ante una de las grandes obras del género, aunque tardía; no la dejes pasar.

¡Mi libro ya está a la venta!



Tenía pensada una entrada con consistencia antes del spam, pero he estado a mil cosas estos días y al final no he sacado tiempo para terminarla. Así que aprovecho este pequeño hueco para daros una noticia que algunos ya sabréis si me seguís por Twitter (@jorcienfuegos). Y es que el jueves pasado salió a la venta mi novela Monstruos con una editorial pequeñita pero que hace muy bien su trabajo, Escarlata Ediciones.

No me voy a enrollar, porque ya os he hablado varias veces de la novela y no quiero ser más pesado de la cuenta. Si no sabéis de qué os hablo y queréis más información, tenéis esta entrada, en la que os presenté por primera vez el libro; y arriba en la barra de menú del blog tenéis una pestañita que dice "Monstruos" donde tenéis la ficha del libro y los links necesarios.

Si creéis que la novela os puede interesar pero tenéis dudas, podéis echar un vistazo a los dos primeros capítulos haciendo click aquí. Y para comprar la novela, tanto en físico como en ebook, tenéis la web de la editorial (aquí), que es sencillita de usar, y además los gastos de envío dentro de España son gratis. También distribuyen en algunas librerías específicas repartidas por la Península; son poquitas, pero igual alguna os pilla cerca (las tenéis en la sección de "Distribución" de la web de Escarlata).

Y, bueno, ¿qué deciros? Que estoy más que emocionado con la novela, que le pondré un monumento en mi corazón a todo el que lo lea y/o difunda la palabra, y que aquí estoy para recibir toda clase de críticas. ¡Muchas gracias!